Las interconexiones no garantizan la seguridad energética

Artículo de Javier García Breva publicado en Energías Renovables

La demanda eléctrica en 2015 se situó al nivel de 2006, según REE. El preámbulo de la Ley 18/2014 adelantó la previsión de que hasta después de 2020 no se recuperará la demanda de gas de 2008. La potencia eléctrica instalada en España fue 2,6 veces superior a la punta de demanda máxima en 2015. La sobrecapacidad del sistema hace que buena parte de las infraestructuras energéticas no sean rentables por ociosas, pero al considerarlas por decreto infraestructuras básicas es el consumidor, sin tener la culpa, el que paga su infrautilización.

Las interconexiones son grandes infraestructuras centralizadas para garantizar el suministro de energía allí donde no se alcanza a cubrir la demanda. No es el caso de España. La ingeniería belga Tractebel, en un informe que tiene la Comisión Europea, ha cuestionado la rentabilidad del objetivo del 15% de capacidad de interconexión para 2030, aprobado en 2014, y solo considera beneficioso un objetivo del 10%, aprobado en 2002.

La Comisión Reguladora de la Energía de Francia ha cuestionado también las interconexiones de electricidad y gas con España, como el gasoducto Midcat, para alcanzar el objetivo del 15%. Duda de su rentabilidad, que su necesidad no está justificada y representan un riesgo para los consumidores. A los costes de interrumpibilidad, pagos por capacidad y restricciones técnicas se añadirá el coste de las interconexiones.

En la estrategia de la Unión de la Energía, aprobada en 2015, se ha cuantificado el coste de las interconexiones entre los Estados miembros de la UE en 200.000 millones de euros y será inversión privada casi en su totalidad. Eso quiere decir que solo se harán aquellas que sean rentables. Las prioridades se han concretado en el Báltico (Nord Stream 2) y en el sureste hasta Azerbaiyán (TAP). En el documento de Bruselas no se menciona que España vaya a ser el suministrador de Europa sustituyendo el gas ruso por gas argelino. Todo lo contrario, se confirma que Rusia seguirá siendo un gran suministrador para Europa.

Pero en la estrategia de Bruselas sí se menciona el instrumento de seguridad energética más importante: la eficiencia energética a partir de la participación directa del consumidor en el mercado eléctrico, como generador de su propia energía mediante autoconsumo con almacenamiento, contadores y redes inteligentes. La combinación de la alta eficiencia y el uso de renovables en los edificios y el transporte es la alternativa de la UE para sustituir el uso de combustibles fósiles por renovables.

Es preciso determinar el mecanismo más adecuado de seguridad energética: la inversión en grandes infraestructuras para mantener una alta demanda y dependencia del gas y el petróleo o el desarrollo de la generación distribuida basada en el ahorro de energía y las renovables como las principales fuentes de energía propia que tiene Europa.

La ausencia en España de una preocupación real por el elevado coste de las importaciones energéticas o por el riesgo de seguridad de suministro que representa la elevada dependencia del gas argelino se diluye en unas sobrevaloradas expectativas de las interconexiones y en la desconsideración más absoluta hacia la eficiencia energética, las renovables y los consumidores.

La seguridad energética no la dan ni el petróleo ni el gas sino la más alta eficiencia energética. Las primeras economías del mundo protegen su seguridad energética y ambiental invirtiendo más en renovables. La gestión de la demanda determina la seguridad energética y no la geopolítica de los combustibles fósiles. Hoy es más cierta la frase pronunciada por el ex comisario europeo de energía, Günther Oettinger, al constatar en 2012 la contracción de la inversión renovable en Europa: “Es más barato invertir en renovables que importar energía de Argelia”.